Venezuela "La república distópica" @raulamiel
En 1950, Venezuela, bajo un sistema capitalista, era una de las naciones más ricas del mundo; ahora es una de las más pobres. Sin embargo, posee las mayores reservas de petróleo del planeta. El socialismo, donde el gobierno controla todos los resortes del poder, nunca ha generado una sociedad próspera.
También la democracia que se instaló en los países de Europa Occidental. El progreso científico. El siglo XX se construyó con grandes relatos utópicos, muchos de los cuales lograron materializarse. Pero entramos en el siglo XXI y pareciera que es al revés. La realidad se ha vuelto nebulosa, difícil de entender o de comprender.
Muchos analistas, escritores y ciudadanos describen a Venezuela como una realidad distópica debido a la grave crisis política, social e institucional que atraviesa el país.
Definamos el término para después seguir el relato.
El término distopía proviene del prefijo griego dys- (malo) y topos (lugar), que significa literalmente "lugar malo". Fue acuñado como lo opuesto a utopía (del griego ou = no + topos = lugar), un término creado por Sir Thomas More en 1516 para describir una sociedad ideal.
La palabra distopía ganó popularidad en los siglos XIX y XX, cuando algunos autores comenzaron a imaginar sociedades que habían fracasado, moldeadas por los peligros del poder sin control, la tecnología avanzada y la pérdida de la libertad individual.
Una novela distópica es una narración ambientada en un mundo imaginario, a menudo futurista, donde la sociedad está profundamente corrompida u oprimida. Estas novelas exploran las consecuencias del totalitarismo, los desastres ambientales, el control tecnológico u otros acontecimientos aterradores en la sociedad humana. A diferencia de las utopías, que describen sociedades ideales, las distopías son advertencias en forma de ficción.
«1984», de George Orwell, es sin duda la obra más destacada que utiliza la ficción especulativa para explorar estos temas. Pero el libro que, en mi parecer, refleja mejor la realidad de vivir en Venezuela es la novela distópica «Astronomía», publicada en 1975. Vale la pena buscarla y leerla.
No sorprende que en las últimas dos décadas, la ficción distópica haya aumentado en número y público, mientras que las utopías —ya sea en la ficción o como un experimento mental más serio— parecen haber desaparecido. Utopías y distopías ofrecen concepciones muy diferentes de cómo podría ser la sociedad, pero ambas nacen de los problemas y las ansiedades que afectan a las personas en un momento y lugar determinados.
No ha habido en la historia de la humanidad una absoluta estabilidad que perdure en el tiempo, pues al vincularse entre sí y conformarse en “factores de poder”, surgen entre sus elementos las pugnas para mantenerse en él. Desde que la humanidad se integró en grupos sociales, algunos individuos entendieron los privilegios que podían obtener al poseer el poder del manejo de estos. Así empezó un espiral de maldad y sacrificios en pos de la eterna promesa de bienestar y progreso.
Puesto en la mesa este panorama histórico, los filósofos y autores literarios, desde hace mucho, han venido advirtiendo que la humanidad necesita aferrarse a sus bases culturales y valores. Dejar de sumergirse en la esperanza de que estos factores de poder traerán progreso. Dejar de depender de esa idea y dejar de entregar la voluntad individual.
Utopía y distopía son tendencias literarias que reflejan modelos de sociedades absolutamente diferentes a partir de planteamientos ficticios de autores preocupados por las inclinaciones de su presente. Ambas sirven para divisar futuros posibles, uno ideal y el otro para nada ideal.
Venezuela es una distopía socialista que sigue los trágicos ejemplos de la antigua Unión Soviética, Cuba y Corea del Norte, donde la gente vive en condiciones miserables, deshumanizadas y llenas de miedo bajo el control de un gobierno totalitario socialista. Venezuela ha estado bajo control socialista y comunista desde 1999, cuando Hugo Chávez asumió la presidencia. Chávez gozó inicialmente de popularidad gracias a sus planes utópicos para acabar con la corrupción, aumentar el gasto en programas sociales y redistribuir la riqueza. Pero, como ocurre con todos los sueños utópicos socialistas, la realidad se convirtió en una pesadilla distópica. Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, afirmó célebremente: «El problema del socialismo es que, tarde o temprano, se acaba el dinero ajeno».
En la novela George Orwel, se presentaba una sociedad del futuro (35 años adelante) en la que todo el poder estaba en manos de un Estado autoritario y omnipresente en la vida de los ciudadanos. Y aunque inicialmente se tomó como una ficción que mezclaba la alegoría política con la ciencia ficción –las casas estaban llenas de grandes pantallas, a través de las cuales el Gran Hermano (el Estado) se comunicaba y a la vez vigilaba a la gente–, hoy ese relato resulta más actual que nunca. Especialmente en países que han caído bajo dictaduras de “izquierda”, como la Venezuela actual.
Orwell graficaba a través de diversas instituciones la gran intromisión del Gobierno en la vida de las personas de su ficticio país. Entre esas instituciones estaban sus cuatro peculiares ministerios: Ministerio del Amor, Ministerio de la Verdad, Ministerio de la Abundancia y Ministerio de la Paz.
En esa línea, el desgobierno anunció no hace mucho la creación de un “Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo”, que tendría entre sus funciones “atender a las personas con discapacidad, a aquellos que viven en las calles, a los ancianos y a los niños”. Por supuesto, ese viceministerio pronto fue criticado por la oposición, por el oscuro manejo, sin control parlamentario, de los presupuestos de ese tipo de iniciativas de “inclusión social”. Y no faltó quien señalara que dicho viceministerio era una mezcla de los orwellianos ministerios del Amor y de la Abundancia.
Por su parte, el Ministerio de la Verdad tenía como fin principal manipular y reconstruir la historia en tiempo real. Y ya son numerosos los casos en Venezuela en que los llamados “fiscales revolucionarios” intentan imponer a la fuerza la verdad oficial sobre determinados hechos.
Cuando la realidad se torna tan surrealista, la ficción puede ser la mejor herramienta para intentar comprenderla. Las narrativas sobre la injusticia, la explotación y el autoritarismo nos han ayudado durante mucho tiempo a dar forma, expresar y comprender nuestras pesadillas cotidianas.
Adentrándonos en estas reflexiones y conociendo nuestra naturaleza humana, es muy lógico pensar que las distopías pueden darse, o se dan, toda vez que los individuos permiten su propia vulnerabilidad. Lo primero a sacrificar será la propia condición humana y los pisos culturales para, consecuentemente, caer en la dependencia y el libre albedrío se vuelve relativo. Los nuevos factores de poder, evolucionados al nivel de saber más de lo que creemos saber de nosotros, nos manejan como ganado que llevan al matadero.
Hoy por hoy, en Venezuela al igual que las novelas distópicas estamos compartiendo estas características reconocibles:
Ambientación : Una sociedad futura o alternativa donde la vida es desagradable o peligrosa.
Control gubernamental : Una autoridad poderosa utiliza propaganda, vigilancia o miedo para dominar a los ciudadanos.
Pérdida de individualidad : Los ciudadanos a menudo carecen de libre albedrío o identidad, siendo reemplazados por la uniformidad o el control.
Rebelión o toma de conciencia : Un personaje central (a menudo joven o inocente) comienza a cuestionar el sistema.
Propósito didáctico : Estas historias actúan como advertencias, explorando lo que podría salir mal si ciertas tendencias continúan.
Las distopías suelen seguir a un personaje que empieza a ver las grietas en su sociedad y pasa de la obediencia a la rebelión, a menudo con consecuencias dolorosas o trágicas. El tono suele ser sombrío, crítico y reflexivo, con tramas que desvelan verdades y desafían la autoridad.
En nuestra república las tendencias políticas o sociales actuales plantean interrogantes sobre el poder, la censura, la desigualdad, la destrucción del medio ambiente y la erosión de las libertades civiles. A menudo muestran cómo el miedo, la codicia y el deseo de control pueden corromper a individuos e instituciones.
Razones por las que se compara con una distopía
Muchas personas sienten que la realidad venezolana se parece a un libro de ciencia ficción de terror por varios motivos importantes.
Control del gobierno: El Estado ha desmantelado las instituciones democráticas. El gobierno actual ejerce un control absoluto sobre los poderes públicos y la justicia.
Crisis humanitaria: El país pasó de ser uno de los más ricos a sufrir una escasez extrema de alimentos, medicinas y luz.
Falta de libertad: Existen denuncias constantes sobre detenciones arbitrarias, censura a medios y persecución a los que piensan diferente. Se denuncian de forma constante la falta de separación de poderes, la persecución a la oposición y las restricciones a la libertad de expresión.
Éxodo masivo: Millones de ciudadanos han tenido que escapar del país para buscar una vida mejor en el extranjero.
Vigilancia: El gobierno ejerce un fuerte control sobre la población mediante instituciones centralizadas y sistemas de monitoreo político.
Uso de recursos básicos: La distribución de alimentos y ayudas estatales se ha señalado como un mecanismo de control político sobre los ciudadanos.
Corrupción: Organismos internacionales ubican a Venezuela entre los países con mayores índices de corrupción, donde las instituciones a menudo no protegen al ciudadano común.
Abuso de autoridad: Existen múltiples denuncias sobre prácticas irregulares de cuerpos de seguridad, extorsiones cotidianas y detenciones arbitrarias que afectan la vida diaria.
Colapso: La caída de los servicios públicos, la hiperinflación histórica y la escasez generalizada han llevado a una migración masiva sin precedentes en la región.
Contraste: Mientras el discurso oficial promovía un proyecto de transformación social utópico, en la práctica gran parte de la población enfrenta carencias extremas y una degradación de su calidad de vida.
Para concluir. Una distopía es una sociedad imaginaria donde la vida es terrible debido a un gobierno que controla todo, la falta de libertad y la pobreza extrema. ¿Les suena a realidad esta distopía en nuestra amada Venezuela?
A pesar de sus escenarios sombríos, muchas distopías muestran la resistencia del espíritu humano. Los personajes buscan amor, libertad, verdad y sentido frente a condiciones inhumanas. Es la capacidad de soportar una fuerza o una situación difícil sin romperse. La fortaleza moral o mental para afrontar los problemas. Facilidad para amoldarse a los cambios y nuevas circunstancias. La capacidad de doblarse o ajustarse sin perder la esencia. La firmeza y persistencia para alcanzar un propósito. Esperanza y resiliencia son la clave para salir de esta pesadilla.
Y recuerda... Ciudadano en Acción. ¡Juntos es Mejor!
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